Presidencia de la República de El Salvador

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Ruta: Discurso del Presidente ante Cooperantes



Discurso del presidente de la República ante cooperantes en la presentación preliminar de daños y pérdidas

Buenos días
Bienvenidos a esta Casa Presidencial, que es la casa de todos ustedes, como también lo es El Salvador, mientras ustedes se encuentren cumpliendo sus funciones en el país.

Me siento muy complacido de recibirlos esta mañana para hacerles entrega del documento que el gobierno ha elaborado, junto con la Comisión Económica para América Latina – CEPAL-, para dar cuenta exacta –aunque aún preliminar- de los daños producidos y las pérdidas sufridas por el país a raiz de los efectos de la depresión tropical 12 E.

Cuando se ve el cielo diáfano y tan azul de los últimos días es difícil creer que hace unos días se haya padecido tamaña tragedia. Pero ustedes la han experimentado de manera directa, día a día. Han sido las lluvias más copiosas e intensas de la historia reciente de nuestro país. Sin duda.
Hoy, gracias a los equipos técnicos de las diversas áreas del gobierno y de la CEPAL –que precisamente colaboró con el país, luego de la Tormenta IDA, en la capacitación de esos equipos especializados- podemos hacer llegar a toda la comunidad internacional, a través de ustedes, un informe preciso y cierto de las consecuencias de esas lluvias.

Decimos que es un informe premilinar porque aún hay miles y miles de familias que siguen en los albergues; aún hay miles de familias recién regresadas a sus casas que están evaluando las pérdidas.
En el Bajo Lempa, la región productiva del país que aún sigue bajo el agua, me decía un pequeño productor agropecuario: “Presidente, me da a  semilla y me va a ayudar con un crédito, pero yo perdí hasta el azadón”.
Y esa es la más cruda realidad: esa gente ha perdido no sólo su cosecha y sus sembradíos, sino también su vivienda, sus muebles, enseres y hasta sus herramientas de trabajo.

Esa gente aún mira desolada cómo el agua le ha llevado el fruto del trabajo y el esfuerzo de años y años.
Nosotros mismos, en el gobierno, vemos cada día una nueva cárcava o desprendimiento y descubrimos entonces una nueva vulnerabilidad.
Esta es la realidad del momento y por eso este informe detallado y serio es aún preliminar.
Pero para tener una idea global y, a la vez, certera de los daños que hemos sufrido, este informe es la mejor herramienta y la queríamos compartir con ustedes, que serán los mejores voceros de El Salvador ante la comunidad internacional, a quien pedimos solidaridad y ayuda.
En el documento que se les ha entregado verán ustedes una descripción general de la depresión tropical 12 E y, básicamente, una comparación con otros fenómenos devastadores anteriores.

Allí verán que estas lluvias acumularon casi el doble de agua que la que nos dejó el Huracán Mitch. Que en sólo 10 días cayeron más de 1.500 milímetros, cuando tenemos un promedio de 1.800 milímetros al año.

Eso explica la magnitud inédita de daños y pérdidas provocadas por este sistema de baja presión que tan poca repercusión tuvo en el mundo.
Al no ser un huracán o una tormenta con nombre propio, la prensa internacional no se ocupó de estas lluvias que, sin embargo, han afectado a unas 300 mil personas, provocaron casi 60 mil evacuaciones y anegaron el 10% del territorio nacional.
En el informe verán que la primera estimación de daños que formulamos era inferior a la que los equipos técnicos que hicieron este informe relevaron en el terreno.

En efecto, dijimos que calculábamos en unos 650 millones de dólares los  perjuicios producidos por las grandes lluvias, es decir unos 3 puntos del Producto Bruto Interno.

El informe que hoy presentamos eleva  esa cifra a 840 millones, que significa unos cuatro puntos del PIB.
Aquella cifra inicial se refería esencialmente a los daños en la infraestructura pública y a la agricultura y la ganadería.
Este nuevo informe es más amplio y pormenorizado, a la vez que su trabajo de campo concluyó este fin de semana.
Los 840 millones de dólares globales contemplan los daños y pérdidas sufridos en:
Infraestructura: 260.580.000 dólares

Sectores Sociales, 207.800.000, que  contemplan daños en viviendas, centros educativos y de salud.

Sectores productivos: 300 millones de dólares; y

Medio ambientales: algo más de 70 millones.

Verán también en el informe el impacto del desastre en la pérdida del crecimiento económico que estaba previsto en un 2,1% para este año y que sólo será del 1,4%, o sea, una caída de un tercio de lo esperado.

El mayor impacto lo sufrimos en el sector agropecuario en el que habiamos puesto una enorme esperanza y, de hecho, estaba reaccionando muy positivamente.
Por primera vez en décadas el campo salvadoreño hubiera tenido una cosecha récord que habría cubierto la demanda local de maiz blanco y frijol.
Pero más allá de las pérdidas materiales –ustedes bien lo comprenden- deberemos reconstruir el estado de ánimo de centenares de miles de hogares, la mayoría de ellos pequeños productores rurales a los que debemos apoyar de todas formas para que vuelvan a recuperar su vida normal.

Amigos, amigas:

Quiero que hagan llegar a sus países y organismos nuestra más sincera gratitud por la solidaridad que nos han expresado en esta nueva coyuntura dramática que atraviesa mi pueblo.

Quiero que informen que el pueblo y gobierno de El Salvador no olvidará nunca la mano fraterna que nos están dando.
Pero quiero compartir también con ustedes una cuestión que considero de enorme importancia porque sé que es materia de preocupación de ustedes y de los países y organismos que ustedes representan ante mi gobierno.

Me refiero  a la respuesta a la emergencia y también a la labor que el gobierno hace en materia de Seguridad. Ambas cuestiones tienen que ver con el proceso de recuperación del aparato estatal que está viviendo El Salvador y que es esencial para afrontar los grandes desafíos que tenemos ante nosotros.

En primer lugar, tengo la plena convicción de que la labor coordinada y eficaz del sistema de protección civil, en esta ocasión, ha sido un factor fundamental para que la pérdida de vidas humanas haya sido visiblemente menor que en otros fenómenos anteriores.
La decisión –luego de la experiencia de la tormenta IDA- de fortalecer la labor de protección civil, de invertir en las estaciones de monitoreo de Medio Ambiente, de crear una reserva de fondos para emergencias de esta naturaleza, ha sido vital para que la tragedia en materia de pérdidas de vidas no haya sido tan grande.

Nosotros recibimos un Estado absolutamente desarticulado en ese sentido. La Dirección de Protección Civil tenía apenas algo más de 30 empleados.
Y, desde ya, no existía una política medio ambiental que nosotros hemos ido construyendo con mucho esfuerzo. Hoy tenemos uno de los sistemas de monitoreo más desarrollados de América Latina.

Y así debe ser porque somos un país, como he dicho, de una enorme vulnerabilidad.
Pero hay, además, otro aspecto al que quiero aludir que va de la mano de lo anterior en cuanto a la recuperación del Estado.

Hablo del tema de la seguridad.

Para ello voy a referirme a un episodio que hemos visto la semana última y que motiva estas palabras.

Se dio difusion a un informe del PNUD que daba cuenta de la realidad mundial en materia de seguridad, sobre la base de un recorte temporal preciso: 2004/ 2009.

Allí nuestro país figura como el más violento del mundo si se toma como parámetro la cantidad de homicidios por cada cien mil habitantes.

Ese informe apareció en los medios, como era lógico, sin el énfasis en dos cuestiones esenciales a mi juicio:
Primero, que se trataba de un informe con datos desactualizados.

Ya saben ustedes que las recientes estadísticas en materia de homicidios ponen a Honduras en primer lugar en el mundo, como el país más violento.

Y muestran el crecimiento que se da en otros países de la región como Guatemala y México, por ejemplo.
Pero lo que más me interesa compartir con ustedes es un segundo aspecto de esta problemática del que no da cuenta la prensa en su reproducción de aquél informe del PNUD:

Me refiero a la labor que el Estado salvadoreño desarrolla para enfrentar el peligro de la expansión del narcotráfico y de que terminemos siendo un narco estado, como es el temor de la comunidad internacional.

Cuando me hice cargo del gobierno y comencé a ver la realidad heredada tuve la certeza de que íbamos por muy mal camino.
Vi que el Estado, en todos los órdenes había sido desarticulado y que teníamos un aparato patrimonialista incapaz de hacer frente a la durísima realidad que enfrentábamos.

Soy absolutamente honesto con ustedes.   

Nuestras fuerzas de seguridad y los organismos de la Justicia no estaban a la altura de la circunstancias que vivíamos en esta materia.
La penetración del crimen organizado y el crecimiento del delito y la violencia asesina en el país eran una realidad insoslayable y a la vez encubierta por las autoridades y la mayoría de los medios de comunicación, que respondían al partido en el gobierno.

Comprenderán ustedes que la prioridad absoluta de la política de Seguridad de mi gobierno fuera la recuperación de las instituciones.
Había que dar la batalla en el interior de la Policía Nacional Civil, de los institutos penales, de la propia Fuerza Armada.

Y debíamos llamar la atención de nuestros hermanos centroamericanos para emprender una labor conjunta.
Pero también debíamos unirnos a México y a Colombia en esto que llamé la buena batalla contra el mayor enemigo que enfrenta nuestro hemisferio.

Nada de eso consideró la prensa al transcribir un informe anacrónico, lo que produjo una reacción lógica de temor de parte de los países amigos.
Y es que esa prensa, que insisto que no es toda la prensa sino un sector minoritario de ella, ha priorizado los intereses de un sector político sin tener en cuenta que perjudica al país en su conjunto.

Esa prensa piensa en las próximas elecciones y no en los intereses generales del país.
Lo siento, pero es asi y asi debo decirlo.

Por ello quiero compartir con ustedes la reflexión de que hacemos enormes esfuerzos por recuperar las instituciones para enfrentar en mejores condiciones al crimen y para evitar que El Salvador sea un narco estado.

Pero hay también otro tema importante que quiero transmitirles, a raíz de esa conocida reflexion que dice que debes ayudarte a ti mismo para que otros te ayuden.

Nuestra oposición nos pide que reorientemos créditos, que no aumentemos impuestos, que recortemos los gastos del Estado para hacer frente a la emergencia y la reconstrucción del país.

Eso es imposible e impracticable.

Este Estado apenas ha comenzado a recomponerse, como les he dicho.

Los créditos están destinados a los planes esenciales del gobierno tendientes a sostener la situación de los sectores más pobres y vulnerables.
Han sido contraidos para llevar adelante un plan de recuperación del tejido social y promover la actividad económica de los sectores más desfavorecidos.

En contra de la corriente, nos proponen que volvamos a la vieja y fracasada receta del ajuste sobre los más desprotegidos.

No podemos volver a cometer los mismos errores que nos dejaron en una situación de gran vulnerabilidad.

Ahora hemos evitado el colapso ante la emergenia porque recuperamos las herramientas de un Estado presente y al servicio de quienes más lo necesitan.

El Salvador está recuperando un Estado activo, que no se involucra en la actividad económica que corresponde al sector privado, pero que impulsa al campo, abandonado durante décadas, que se ocupa de atender a la emergencia, que se prepara para luchar frontalmente contra el peligro del crimen organizado.

No seremos un Estado ausente, que es el primer paso para ser un estado narco.

No transitaremos ese camino.

Por el contrario, lucharemos por un Estado fuerte para hacer frente con decision al mayor enemigo de nuestras sociedades.

Vean ustedes: ha sido esta visión de lo que debe hacer el país lo que ha permitido que hayamos avanzado con el gobierno de los Estados Unidos en un Asocio para el Crecimiento.

En los próximos días, quiero anticipárselos, se firmará el entendimiento con las autoridades estadounidenses para poner en marcha el Asocio que será un hecho histórico para El Salvador.

Con ese asocio se busca sentar las bases de un proceso de desarrollo sostenido, con inversiones fuertes en materia de infraestructura, servicios y transferencia de tecnología que hará explotar la capacidad productiva y laboral de nuestro pueblo.

Como ven, tenemos por delante un panorama optimista a pesar de las dificultades. Pero para que ese escenario favorable se haga realidad no podemos volver a un Estado patrimonialista al servicio de unos pocos privilegiados, en detrimento del cumplimiento de sus obligaciones esenciales.

Amigos, amigas
Les agradezco nuevamente su acompañamiento y su solidaridad.

Les agradezco la mano que nos están extendiendo.

Yo los dejo ahora con el equipo técnico, con quienes elaboraron este informe que les presentamos, conducido por el Secretarío Técnico de la Presidencia.

 

Muchas gracias.